Los caballos suelen reconocer su ambiente a través del olfato por lo que un cambio en la química a su alrededor puede cambiar su comportamiento
No es coincidencia que un caballo resoplen cuando un jinete nervioso trata de montarlos, o por lo menos esto es lo que un reciente estudio ha revelado con base en receptores sensoriales que un equino puede adquirir por medio del olfato.
El estudio publicado en PLOS One, sugieren que los caballos pueden “oler el miedo” en los humanos a través de señales químicas que influyen en las interacciones interespecíficas y la comunicación emocional entre el humano y el animal.
El olfato, es uno de los sentido más primitivos que los animales utilizan para comunicarse y forma parte de sus funciones biológicas, entre ellas y la más esencial, la reproducción. En ese sentido, los caballos reconocen el mundo a través de los olores por lo que pueden detectar los cambios químicos en el ambiente.
Los caballos poseen habilidades cognitivas avanzadas relacionadas con los humanos, pueden reconocer rostros y recordar a un individuo hasta por seis meses, incluso saben detectar intenciones observando sus expresiones y escuchando sus voces.
¿Cómo se realizó el experimento en los caballos?
Los investigadores recolectaron olores de la axila de los humanos en discos de algodón, algunos fueron recogieron en contextos de miedo y otros influenciados por la alegría. Los discos fueron puestos en las fosas nasales de los equinos para ir midiendo su comportamientos y evaluar el impacto de los olores.
Los resultados demostraban que la fisiología de los caballos variaba dependiendo del olor al que era expuesto, mostrando mayor respuesta de miedo y se limitaban a la interacción con los humanos cuando el olor de prueba era el que se tomó bajo el contexto de miedo.
Cuando los caballos fueron expuestos a imágenes de humanos en contextos de miedo o alegría, las expresiones de terror provocaron que los equinos registraran una frecuencia cardiaca elevada, similar a la que se obtiene cuando existe estrés, cabeza erguida y orejas bajas acompañadas de expresiones faciales con los ojos muy abiertos.
Todo lo contrario con lo que se registró con las imágenes de alegría que provocaron en los equinos una relajación de fosas nasales y las orejas elevadas.
Fuente: El Sol de México













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